La isla de los placeres mortales (Enter the Dame) En 120.000 palabras


(Cap. 4°: Rumbo a los eventos mortales)

 

 

Eran las veinte y treinta cuando las participantes e invitados entraban al salón, en cuya periferia se ubicaban cómodos asientos donde charlaban animadamente algunos invitados. Al otro extremo del salón se concentraban las participantes al evento; además de las que llegaron junto a Paula en el yate, se encontraban, Dae una atlética coreana y Elke una esbelta y fornida alemana, todas muy atrevidas, luciendo más epidermis y maquillaje que vestuario, esto último potenciaba la naturaleza  fetichista y provocadora de sus personalidades, como ajustados y reducidos vestuarios, mayormente confeccionados con metales y mucho cuero, destacando los colores bien definidos, principalmente el negro, rojo, y marrón, conduciéndose con desvergonzadas y sugestivas actitudes frente a los visitantes, capaces con sus miradas de seducir y matar, especialistas en esto último, en lo que se especializan y lo que mejor saben hacer, lo cual en estas reuniones, no disimulan para nada, y muy al contrario, es la ocasión propicia para lucir esta tendencia, siendo su principal carta de presentación.

Los invitados, en esta ocasión eran seis personas, cantidad que usualmente se reunían en cada una de estas sesiones, quienes miraban con prudencia  pero sin disimulo a las mujeres, eligiendo seguramente a sus favoritas, ellas se saben muy bien observadas, y su presencia en estos juegos constituye la principal atracción; bellas fieras, ansiosas por entrar en la arena, las que pueden ser apreciadas en insólitos y sangrientos enfrentamientos, estimulando a quienes se deleitan con estas exhibiciones, como asimismo de sus exclusivos servicios, los que pueden adquirir después de las primeras motivaciones que provocaran en la arena de combate.

Los más inaccesibles y torcidos placeres imaginables, todas las fantasías prohibidas para el común de las personas, en esta isla y en otros escenarios similares, son posibles para este peculiar y limitado grupo de ricos y poderosos hombres y mujeres, que detentan el poder, los recursos y las licencias, como para disfrutar sin problema alguno, sus inusuales tendencias en estos paraísos de prohibidos placeres.  

Cuando eran pasadas las veinte y treinta horas, unas solicitas criadas servían cocteles a los  invitados que esperaban la llegada de Karl y Kim. Habían pasado cinco minutos desde que habían ingresado al recinto, tiempo suficiente como para que examinaran a las muchachas participantes y estas a su vez para mostrar lo que podían ofrecer por el momento, luego de lo cual, se produjo la entrada de los anfitriones.

El primero en ingresar fue el turco Osman, de quien Ebba le había hablado a Paula, junto a él Dupont que anunció la llegada de los anfitriones Karl Hermann y Kim, quienes lo seguían  más atrás, caminando hasta llegar al centro del salón.

El salón en cuestión básicamente estaba formado por un muro curvado de unos tres metros de altura y unos ocho metros de diámetro, al medio de este, un anillo menor inscrito con una circunferencia de cinco metros aproximadamente, limitando toda su periferia un  pasamanos de brillantes caños de bronce, del mismo material un pequeño y levadizo antepecho que de ser necesario se levantaba para permitir el acceso, como en este caso, por donde entraron los anfitriones, el suelo era de arena cuarzosa de un tenue tono azulado. Anexo a esta aula se hallaban otros espacios que complementaban la funcionalidad del particular recinto. Evidentemente aquí era donde se hacían los encuentros, por lo que los asistentes a estos, lo denominaban con cierto sentido de la importancia y el interés que representaba esta estructura dentro del conjunto, como: “El anillo de oro”.

Kim era la mujer que más llamaba la atención, inclusive por sobre las participantes, y las invitadas, una belleza excepcional, con el poder de estimular los más ocultos y reprimidos instintos de cualquier varón o mujer. Por sus genes asiáticos; Ojos rasgados, de contextura atlética, de cabello lacio y brillante, y por su herencia germana; alta, espigada, de ojos grises, cabello rubio y largo. Vestida con una ajustada y escotada tenida metalizada de lycra azul, andando con altivez, como una soberana entre sus súbditos, una hermosa hembra, misteriosa, y deseable.

Para Paula era difícil comprender la relación entre el alemán y Kim, aun con su formación más que liberal, le costaba asimilar lo de amante de Karl e hija del mismo con una mujer

coreana  llamada Sumin, quien fue su amante y también compañera con la que compartía estos prohibidos juegos hasta hace unos quince años, cuando Kim la reemplazó, todo esto según le había confidenciado brevemente Ebba. Siendo este el tipo de relatos que gustaba de narrar comúnmente la escandinava.

Karl los saludó y les dio la bienvenida desde el centro del circulo, tanto a los invitados, como a las muchachas participantes, estas últimas se acercaron a los primeros, a medida que estos las solicitaban con leves señales, Ebba se acercó a Osman, Killar y Elke socializaban con un par de hombres, los que eran aparentemente antiguos conocidos, entre tanto Dae lo hacía también con una pareja formada por un individuo cano, y una mujer más joven, Paula fue abordada por otra invitada, pero esta se hiso la desentendida y sonriendo cortésmente la  esquivó, prefiriendo estar a un costado para investigar y estudiar a los concurrentes, y muy especialmente a la hermosa y misteriosa germana asiática, como asimismo familiarizarse con todo este entorno.

Sadie la bella sordomuda americana, se acercó a los anfitriones, que con señales de manos, y gesticulaciones propias de su limitación física, se esforzaba en comunicarse, especialmente con Kim, con quien parecía tener una especial afinidad, esta con sutiles e indiferentes movimientos de cabeza, y sin mirarla, acentuaba altivamente, señalando en  forma displicente, que le entendía, sin ponerle mayor atención, probablemente todo este esfuerzo que hacía la americana era para pedirle que intermediara por ella, al momento de programar las duplas de contendientes, que amenizarán las veladas, ya que estas eran las solicitudes que se le hacían frecuentemente, tanto las chicas lidiadoras, como los asistentes, cuando se les daba la oportunidad de convenir con ellos.

Transcurridos algunos minutos Dupont se dirigió a los presentes:

-Nos complace anunciar nuestro programa de enfrentamientos “Deportivos”, exclusivamente entre mujeres, serán cinco las veladas, arrancando desde hoy día lunes hasta el viernes, donde nuestras gladiadoras darán lo mejor de cada una en su esfuerzo por llegar a ser la número uno del ranking.

Mientras Sadie insistía en llamar la atención de Kim, Ebba por su lado tenía mejores resultados, compartiendo sin problemas con Karl, solicitándole con toda seguridad, que tomara en cuenta los desafíos hechos por ella y su nueva amiga Paula, ya que a una señal de este, Pierre hiso un alto en su alocución, para acercarse al teutón, quien le dijo algo al oído, y le pasó una breve nota escrita con anterioridad, para luego seguir con la presentación:

-Las participantes son ocho, dos combates por jornada, los primeros en programarse serán los desafíos  por medio del “Castigo”, el primer encuentro, a las veintidós horas de esta noche, será por parte de Ebba “La pantera rubia”, clasificada tercera en nuestro ranking, que desafía por medio del “Castigo”  a Seba “La pantera Negra”, ubicada en el segundo lugar. 

En ese momento, la nórdica buscó con la mirada a Paula, haciéndole un breve guiño, indicándole sin lugar dudas, que había conseguido incluir sus desafíos en el programa, según lo habían planeado.

       -Más tarde el segundo encuentro será entre Killar “La asesina”, cuarta en el ranking y Sadie “La muñeca americana” en quinto lugar, quien pretende escalar posiciones. Para mañana habrá una nueva participante; Paula quien desafiará a la madura Arpía roja, más conocida como “La Harpie Rouge”, asimismo por medio del castigo, combate que se anotará como el primero del martes, el segundo será entre Dae, “La guerrera coreana” rankeada en sexto lugar y Elke “La hiena nazi” ubicada en el séptimo lugar, los enfrentamientos para las sesiones venideras se  darán, según sean los resultados obtenidos en estas dos primeras noches de competencia.

Las miradas de la nórdica y la muchacha latina se volvieron a cruzar, la morena estuvo en esta oportunidad más sonriente aun.           

Luego de escuchar toda la programación, cuando eran las veintiuna horas, con la facultad que le otorgaban las normas de la organización, Ebba expuso sus exigencias a la comisión, en desmedro de la castigada Seba: Esta deberá combatir desnuda, esto se hace al menos por dos motivos; primero para evitar que pueda ocultar algún tipo de arma entre sus atavíos, y por otro lado el efecto sicológico que les ocasiona, al exponerse desnuda ante su rival y la asistencia, lo que produce una ventaja más para la retadora, si a esto le sumamos privar de la defensa que aportan cierto tipo de indumentarias, la castigada está en evidente desventaja con respecto a la retadora, las que generalmente van protegidas con vestimentas de cuero y metal, sirviéndole naturalmente estos elementos para causar daño, como para evitar con estos, que las coja su adversaria, siendo muy efectivas también para impedir y atenuar los golpes, y por supuesto para intimidar a su rival. Otra de las exigencias es la de cortar y limar  romas las uñas de pies y manos a la “castigada”, lo que también se hiso en este caso. Además exigió que se le tapara la boca con una mordaza de cuero, similar a la usada en el film “The silence of the lambs” por el personaje Hannibal Lecter, a fin de evitar mordeduras, acciones muy recurrentes en este tipo de encuentros, sobre todo cuando la castigada está en desventaja total y tiene que usar los pocos recursos con los que puede disponer para   poder defenderse.

Eran pasada las nueve y cuarenta y cinco de la noche, cuando Ebba pasó por detrás del salón, para entrar en unos  camarines donde se hallaban los atuendos de lucha personalizados para cada una de las chicas,  según sus exigencias, gustos y las estimulantes reacciones que quisieran producir en los fanáticos del fetiche, y como es de suponer, diseñados para infligir el mayor daño posible a su antagonista.

Minutos antes de las veintidós horas, Karl y Kim dieron instrucciones a Pierre, quien se dirigió a las guardias que estaban ubicadas tras las puertas de acceso, quienes abrieron ambas hojas, apareciendo en el umbral de la entrada  Seba, desnuda y amordazada, flanqueada por las dos mujeres confiadas a su custodia, las que pasaron directamente al “Anillo de oro” en el centro del salón. Seis visitantes, además de Karl y su comitiva recibieron con un abucheo a la africana, quedando escoltada y a la espera de Ebba, la que fue proclamada con una fanfarria de clarines y trompetas al estilo de los filmes de gladiadores, ritmos marciales que fueron preparados previamente desde un equipo de sonido muy bien sincronizado. Una vez que se acalló el sonido de los clarines, Pierre se dirigió a los entusiastas presentes:

-Señoras y señores para mí es un verdadero privilegio, presentarles a una de nuestras más caras combatientes, ubicada por ahora en el tercer lugar, pero no me cabe la menor duda que esta noche se subirá al podio, para ubicarse en el segundo puesto de nuestra clasificación, me refiero a la que ustedes han hecho su favorita: ¡Ebba! “La pantera Rubia”, vaticinio con que aduló sin disimulo alguno a Ebba, en desmedro de la africana Seba. 

Al terminar la presentación el público irrumpió con gritos y aplausos de beneplácito, a la vez que en la otra esquina del salón, surgía mostrando su estatuaria figura, la soberbia y bella escandinava, maquillada como una maligna deidad del mal, vistiendo una indumentaria de gladiadora en cuero negro, con agudos metales adheridos, todo el conjunto muy corto y ceñido, lo que le permitía lucir su hermoso y fornido físico. Además de una espada corta y un escudo del tipo traciano, su cabello dorado sujeto por un casco con penacho rojo.

-Los espectadores serán, testigos de un inusual combate, “promovía Pierre el duelo” Ebba la magnánima retadora en un generoso y noble gesto deportivo, le dará la oportunidad de poderse reivindicar a la infractora Seba por la tropelía cometida durante el viaje hacia este fuerte, siendo interrumpido por las risas de parte de la audiencia, dada la sarcástica afirmación. Una vez que se hubieron acallados, Pierre continuó:

      -Ebba dará a su rival ventaja los primeros cinco minutos, durante los cuales no podrá atacarla, ni devolverle los golpes, eso sí, Seba deberá confrontarla desarmada, contando tan solo con su destreza y  habilidad, en donde nuestra combatiente solo se defenderá, si Seba logra tan solo derribarla, podrá demandar que se le asignen las mismas armas con las que cuenta Ebba, o sea escudo y espada traciana, para seguir así la contienda,… ¿No les parece justo?, preguntó  Pierre a los presentes, los que entre risas y burlas gritaban:

            -¡Si, si, si!, avalando la improcedente moción, a sabiendas que se trataba de un ardid, para hacer desde el inicio una mofa de su antagonista por parte de la retadora, la que terminó de lucirse entre los asistentes, caminando provocativamente hasta la arena, cimbrando sus caderas, dejando atrás a la concurrencia, mientras apuraba el paso, para tomar impulso y saltar ágilmente sobre la baranda de bronce, cayendo dentro del “Anillo de oro”, destacando de esta forma sus habilidades atléticas, arrancando silbidos y aplausos de admiración.

            En los momentos siguientes la expectación creció, haciéndose un breve silencio cuando Dupont extendió su brazo alzando su mano con la palma hacia arriba en dirección a Karl, concediéndole el honor de iniciar el duelo, este se irguió con un brazo en alto y un pañuelo blanco en la mano, a la vez que se apagaban las luces y se iluminaba el anillo, observó de lado a lado a los que se encontraban en el salón para anunciar:

 

-Corren los cinco minutos de ventaja para la castigada Seba, dijo con su inconfundible acento el alemán, acompañando toda esta ceremonia con los característicos sones marciales de clarines que anunciaban el comienzo del encuentro.  

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