Un chofer me sedujo y me convirtió en su amante.


Relato de cómo me sedujeron con lencería femenina hasta hacerme suya por completo, de lo que no me arrepiento en absoluto

Cada día que voy a mi trabajo tomo el microbús y siempre suelo sentarme a lado del chofer, en varias oportunidades he llegado a subir al mismo microbús y casi ya nos conocemos con los diferentes choferes que realizan este recorrido, y en diferentes oportunidades ya llegamos a entablar con muchos de ellos una conversación al inicio eran conversaciones bastante convencionales, del tiempo, de la política, de los problemas regionales y otros temas, que no tienen mucha trascendencia.

Lo que me gusta a mí personalmente es que el recorrido que realizar estos lo hacen por una de las calles céntricas y que se encuentran alrededor del mercado central y hay una calle donde las diferentes tiendas ofrecen y exhiben ropa íntima de mujer, es decir lencería, y permanentemente van cambiando la ropa en sus diferente maniquíes con figuras de mujeres, lo que a mí me provoca bastante excitación al ver, toda esa ropa femenina intima, siempre sueño con poder probarme dicha lencería, por lo que pongo mucha atención a los maniquíes y la ropa que llevan, que por cierto son bastante provocativas, siempre me embarco a lado del chofer a lado derecho de la movilidad, ya que las tiendas a las que hacía referencia se encuentran en la acera de la derecha de la avenida y realmente es un espectáculo ver tan hermosa ropa que como dije antes me excita bastante.

En cierta oportunidad, subí al microbús, donde el chofer era un señor bastante maduro y en lo físico era algo gordito, pero simpático el hombre y bastante aseado, lleva un bigote y es blancón y bastante robusto, realmente yo como cada día no lo tome importancia al señor ya que mi interés era poder disfrutar al observar los maniquíes con la lencería femenina, una vez que pasamos por la avenida y haber observado lo que a mí me gusta, empecé a entablar una charla de lo más formal y antes de bajar cerca de mi trabajo el señor disimuladamente me entrega un papel, con una pequeña nota y me dice que en el papel hay un problema o una tarea de su hija que no podía resolver y me pide que por favor vea la posibilidad de colaborarle con dicha tarea, inicialmente me llamó la atención ya que nunca en mi vida le mencioné, cual era mi profesión y a que me dedicaba pero, ya no hubo tiempo para aclarar la situación ya que me lo entrego en el momento que estaba cancelando el pasaje y ya me encontraba fuera del microbús, el mismo que partió y no me dio tiempo, por lo que agarre el papelito y lo coloque en uno de los bolsillos de mi pantalón y no dí mayor importancia; el día transcurrió con las labores cotidianas del trabajo y los quehaceres de cada día sin mayor trascendencia, ya en la tarde al llegar a mi departamento, protegiendo mis manos del frio encuentro el papelito que me entregó el chofer del microbús, y lo desenvuelvo y leo: “Veo que te gusta esas ropitas si quieres te las compro” y firmaba Gunnar, lo que realmente me sorprendió y realmente no sabía qué hacer y qué pensar, realmente creo que no he sido lo suficientemente precavido al poner mucha atención en la lencería que veía cada día, y que el chofer me descubrió mis deseos insatisfechos, por lo que tuve que asumir una nueva conducta y tener más cuidado al observar las ropitas íntimas femeninas, y lo peor es que no quería chocarme con el chofer, ya que realmente me moría de vergüenza y así pasaron varios días y siempre estaba atento a los choferes de los microbuses para no chocarme con el señor de la nota.

Pasaron varios días y en mi cabeza iban rondando varias ideas, y pensaba que si él se ha dado cuenta de mis gustos por qué no seguirle la corriente y de esta manera poder hacer realidad mis deseos sexuales, pero por otro lado, pensaba que podría ser una trampa para que luego me podrían chantajear y hacer público lo que tanto esfuerzo me cuesta tenerlo como mi gran secreto, con el tiempo el tema salió del primer plano de mi preocupación y lo fui olvidando, y no le dí mayor importancia. Una noche cuando retornaba a mi departamento, subo a un microbús, al asiento de alado del chofer y cuál mi sorpresa, era la del señor que se llamaba Gunnar, y no di comentario alguno, pero por dentro me sentía bastante nerviosa, en la medida que avanzábamos por la ruta varios pasajeros se iban bajando de la movilidad, la misma que quedaba cada vez más vacía, en un impulso quise bajarme pero me puse fuerte y dije que lo voy a enfrenta, y terminar de una vez esta situación, al llegar a la esquina donde me debería baja Don Gunnar, me comenta que tenía reservado unos platitos de pollo en la caseta de la parada final y que me invitaba a comer, para poder conversar un poquito, ya que se sentía bastante sólo, a lo que accedí y le acompañé, llegamos a la parada final y fuimos al quiosco y pidió dos caldo de pollo y una cerveza, nos pusimos a comer y tomar, luego vino otras chelas más, y conversábamos de todo, me dijo que era viudo y que sus hijos vivían en el extranjero y que por eso se encontraba bastante sólo, de la misma manera yo le conté que estaba empezando hacer mi vida que hace poco había egresado de la universidad y que era mi primer trabajo, y que no conocía a nadie en esta ciudad. Ya con varias copas encima, ingresamos al tema de la nota, y me pregunto, por qué veía con tanto interés la roma intima femenina, a lo que respondí que me gustaba mucho y como estaba solo, me atraía bastante lo femenino, lo que parece que no me creyó y volvió a preguntar que si no me gustaría usar dichas prendas, después de dar muchas vueltas y algunas copas demás, le confesé que era verdad que me atraía la lencería y que soñaba con probármela, lo que el sonriendo me dijo que no había problema, que él me lo compraría. Terminada la conversación nos subimos a su movilidad y me acompañó hasta el edificio donde está mi departamento, le dije que estaba ubicado en el último piso, y era el único departamento en dicho piso, y que mi nombre era G…. , nos despedimos sin quedar en nada concreto lo que me alivió bastante ya que no había compromiso de por medio, paso la semana sin mayor problema y el día viernes por la noche al ingresar al edificio el portero me entrega un paquete considerablemente grande, pensé que era una encomienda de mi familia e ingrese a mi departamento, y me puse a abrir el paquete y cual mi sorpresa era ropa de mujer donde había muchos juegos de lencería, vestidos, faldas, calzados, pelucas, cosméticos pinturas, maquillaje y joyas de fantasía, realmente me sorprendió, e inmediatamente supe que se trataba de Don Gunnar, y al fondo del cajón había una nota que decía: “ Hola Elizabeth, te invito a salir esta noche de viernes, paso a recogerte a las 10:30 p.m., besos: Gunnar”. Empecé a ver la ropa y había de todo para escoger y con mi intuición femenina empecé a hacer juegos que podrían combinar, inicialmente por los colores y luego por los más decentes y los más provocativos, en eso me di cuenta que ya eran las 8 de la noche y tenía el tiempo contado para poder cambiarme y vestirme de damita como quería Don Gunnar, empecé con darme una ducha completa, me depile todo mi cuerpo, aunque no tengo mucho bello, para luego pasar todo mi cuerpo con un perfume que venía en el paquete, y opte por vestirme de negro, me puse una medias nylón negras, un portaligas negro, un sostén negro y un calzoncillo también negro, luego opté por un vestido negro bastante aprieto a mi cuerpo y recién empecé a darme cuenta que realmente tenía un cuerpo bastante femenino, ya que tengo unos senos lo suficientemente creciditos, un cintura delgada y una cadera bastante pronunciada y ni que decir de mis nalgas, son redonditas y cuando me pude unas zapatillas con taco mi culito se paró mucho más, no me preocupe de mi pene ya que el mismo es pequeño y no se notaba mucho, cuando me vi al espejo realmente tenía un cuerpo de mujer hecha y derecha, empecé a maquillarme me puse maquillaje a mi cara, me pinte los ojos y los labios, torcí mis pestañas y me coloque unos lentes sin marco, y luego de colocarme una peluca negra, me vi y realmente no podía creer lo que estaba viendo en el espejo, me veía como una verdadera dama, sin ningún tipo de exageración, sino más al contrario era lo más decente posible, en eso sonó el timbre de mi departamento lo que me asusto y fui a ver de quien se trataba y era Dón Gunnar, que venía bastante arreglado, le hice pasar y me obsequió una botella de Wisky, le pregunte cómo me veía y él se quedó estupefacto con lo que tenía frente a sus ojos, me dijo Elizabeth, realmente estas hermosa y me voy a sentir muy orgulloso que sean mi pareja por esta noche. Le pregunte qué planes tenía para esta noche y me respondió, que pensaba invitarme a un PUB, a baila y compartir por un rato, yo le dije que si podría esperar un poco ya que no estaba acostumbrada a caminar con tacos, llanzando una sonrisa accedió y estuvimos caminando en mi departamento, sosteniéndome de su brazo y en momentos él me abrazaba para evitar que me torciera el tobillo, ya acostumbrada, cerca de media noche salimos y él estaba con un pequeño auto, que me dijo que también era de su propiedad y que a veces trabajaba como taxista, nos subimos y fuimos rumbo al PUB, llegamos, ingresamos y el tenía reservado una mesa privada, aislada del salón con cortinas rojas, tomamos asiento y nos trajeron una botella de Champán, brindamos por nuestro encuentro y el me invitó a bailar, nadie se daba cuenta que estaba travestido, más al contrario todos me veían como una verdadera mujer, estuvimos bailando por un rato hasta que empezó a sonar una música romántica y me tomo de la cintura y no tuve otra alternativa que llevar mis manos a los hombro de Don Gunnar, y me empieza a susurrar, “Elizabeth, realmente estoy orgulloso de estar contigo, no ves cómo te miran los hombre y creo que sienten envidia, estas bella estas hermosa y realmente estas sexy”, yo simplemente sonrió y me acerco más a él, {el empieza a mover sus manos por mi espalda, mi cintura y poco a poco empieza a acariciar mis caderas y se sorprende, ya que él había pensado que llevaba algo postizo en mis caderas y en mis nalgas, y para sorpresa de él todo era natural, era real y propiedad de esta su servidora, nos alejamos un poco del centro y nos dirigimos bailando hacia donde había poca luz, y empezó a acariciarme mis caderas y mis glúteos, yo simplemente opte por abrazarme a su cuello y acercarme más a él, de pronto sin palabra alguna nos dimos un pequeño beso en nuestras bocas, para luego hacer que nuestras lenguas se encuentren, lo que provoca que Don Gunnar me acaricie con más fuerza y sensualidad, a lo que yo respondí con abrazarme y bajar mi mano derecha a sus partes íntimas y acariciar su hermosa verga, así estuvimos por un rato más y luego algo excitados nos fuimos a nuestra mesa a continuar consumiendo nuestras bebidas, ahora ya era Wisky, nos sentamos juntos en el sofá y él me abraza por mi cuello y yo que acurruco a su pecho, nos besamos y mi mano se va por si sola a acariciar su paquete que ya lo tenía semi parado, él con su otra mano toma mi pierna y empieza acariciarla subiendo poco a poco, hasta llegar a mis entrepiernas, y su dedo mayor se dirige a mi culito, a mi hoyito, a mi ano, hace a un lado mi tanga y empieza a intentar penetrarme con su dedo, por parte mía hay cierta resistencia ya que tengo un culito cerrado y virgen, pero nos conformamos con recibir caricias, mi hoyito estaba bastante mojado y su dedo resbalaba por toda mi raja, haciendo un pequeño esfuerzo Don Gunnar intenta nuevamente meter su dedo, cosa que lo logra y saca de mi un quejido, uno por la sorpresa y otro por cierto dolorcito que sentí, por un momento nos quedamos inmóviles y mi culito se acostumbra a su dedo y luego empieza a moverlo inicialmente de un saca y mete para luego moverlo de forma redonda como si quisiera ensanchar mi hoyito, esta situación me puso bastante cachonda y mi excitación se encontraba a mil, nos besamos, nos chapamos, nuestras lenguas se confundían y me pide que antes de irnos pudiéramos bailar por última vez, a lo que acepte con mucho gusto, en el PUB, quedaba poca gente y la que había ya se encontraba bastante embriagada, por lo que no llamábamos la atención a nadie, nos abrazamos y bailamos bien apechugados, lo que hizo que él nuevamente iniciara su cometido con meterme mano empezando por mis caderas, la cintura y mis nalgas, nos fuimos a un rincón y poco a poco fue subiendo mi vestido hasta llegar a tocar mis nalgas de manera directa, hizo a un lado mi tanga y nuevamente sentí como su dedos ingresaban a mi culito pero esta vez ya no era un dedo sino dos y hasta tres, él iba lubricando mi culito con su saliva, cada vez que lo veía por conveniente, un rato de soltó y me hizo dar la vuelta colocándose detrás mío y ahí si sentí su hermosa verga totalmente parada y dura, así estuvimos bailando hasta que con una mano me bajo mi tanga hasta mis piernas y saco su falo y empezó a acariciarme mis nalgas y mi rayita y mi culito, me dijo “Me dejas penetrarte?”, a lo que yo respondí apretándole las manos y en eso siento que con una de sus manos empieza a untar mi ano con bastante saliva, y entra un dedo, dos dedos, para luego, acercar su verga a mi culito, y empezar a intentar penetrarme, la primera y segunda envestida no da resultados, mi culito se encontraba bastante cerradito, pero mi hombre no es de los que se dan por vencidos y en el tercer intento así paraditos como estábamos empieza a penetrarme, lo que me hace lanzar un grito por el dolor, y se queda sin ningún movimiento, poco a poco va pasando el dolor y mi culito empieza a acostumbrase a su nuevo visitante, y le hospeda con mucho calor, poco a poco Don Gunnar empieza con el vaivén del saca y mete,  yo me acostumbro pero lo más importante siento un placer infinito, y pienso que no estaba equivocada. Yo he nacido para ser mujercita y sentir a un hombre culiandome, mi hombre, así pasamos como unos veinte minutos y realmente me sentía muy dichosa a sentir como mi hombre me poseía, me tiraba, me culiaba, era estar en el paraíso, poco a poco se fue agitando más y más y lo hacía com mayor rapidez, yo en las nubes, hasta que llegó el momento de la eyaculación sentí su semen en mis entrañas, hasta el fondo, y los movimientos empezaron a disminuir, y su hermosa verga se fue bajando ya flácida se salió de mi culito y empezó a chorrear el semen de mi culo por mis pierna y en eso sentí un olor a hombre, un olor a macho, un olor a hembra desvirgada, los que me hacía la mujer más feliz, nos arreglamos y nos fuimos a nuestra mesa tomamos nuestros wiskys y nos disponemos a marcharnos, él me preguntó “A dónde vamos?” a lo que respondí donde tú quieras mi amor.

Con amor Elyzabeth.

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